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Los Cofanes
son un pueblo indígena de la Amazonia del norte de Ecuador. Antes
vivían ahí hasta 80 mil Cofanes como nómades y en paz y armonía
con la naturaleza. Hasta que llegó la colonización y las empresas
petroleras que les comieron el territorio y
reducieron su población a unos 1300 Cofanes repartidos en trece
comunidades.
„Todo empezó cuando tenia 12 años
con la llegada de los institutos lingüísticos, llegaron los
misioneros,” se recuerda Rufino, chamán de la población de
Dureno. „Poco después comenzó ya la entrada de la
petrolera. Vinieron desde Colombia por la
vía fluvial, entraron por un río que se llama Río Conejo
hasta llegar ahí donde ahora está el
pueblo de Lago Agrio. Ahí empezaron a trabajar en
el pozo petrolero.” Empezaron a perforar, sin siquiera
saber nada de los Cofanes. La abundancia del oro negro y la
avidez para sacarlo llenó la región de pozos en poco tiempo que
también trajeron consigo la construcción y ampliación de las
carreteras y su conexión hacia Quito. Así ya de pronto los Cofanes
se veían rodeado de pozos petroleros y
carreteras.
Los Cofanes
son un pueblo indígena de la Amazonia del norte de Ecuador. Antes
vivían ahí hasta 80 mil Cofanes como nómades y en paz y armonía
con la naturaleza. Hasta que llegó la colonización y las empresas
petroleras que les comieron el territorio y
reducieron su población a unos 1300 Cofanes repartidos en trece
comunidades.
„Todo empezó cuando tenia 12 años
con la llegada de los institutos lingüísticos, llegaron los
misioneros,” se recuerda Rufino, chamán de la población de
Dureno. „Poco después comenzó ya la entrada de la
petrolera. Vinieron desde Colombia por la
vía fluvial, entraron por un río que se llama Río Conejo
hasta llegar ahí donde ahora está el
pueblo de Lago Agrio. Ahí empezaron a trabajar en
el pozo petrolero.” Empezaron a perforar, sin siquiera
saber nada de los Cofanes. La abundancia del oro negro y la
avidez para sacarlo llenó la región de pozos en poco tiempo que
también trajeron consigo la construcción y ampliación de las
carreteras y su conexión hacia Quito. Así ya de pronto los Cofanes
se veían rodeado de pozos petroleros y
carreteras.
„Luego un
amigo que vino nos dijo por que no hacemos un limite, o un lindero,
para que lo respeten nuestro territorio los colones, porque sino van
a invadir Ustedes”, sigue contando Rufino. Los Cofanes hicieron ese
lindero, y así quedó marcado el fin de su vida de nómades.
En su mayoría las compañías y los
colonos respetaron este limite. Solo un pozo de la empresa
estadounidense Texaco se hizo dentro del territorio de la comunidad.
Solo cuando ya llevaron unos años trabajando en el, la comunidad se
decidió por desalojarlos a los invasores de sus tierras y se
reunieron a Cofanes también de otras comunidades para participar en
una resistencia pacifica. Junto hicieron un
paro del pozo durante unos dos meses y consiguieron echar los
petroleros. Pero “lo logramos gracias a nuestros mayores, a
nuestros sabios, a nuestros chamanes.”
explica Wilson (23). “Los chamanes
hicieron una ceremonia espiritual, lo que es una ceremonia donde
prepararon Yajé. Por medido de esta ceremonia puedan ver lo que es
que va a suceder, y ver las posibilidades que no hagan nada de daño
a nuestra gente y de la nuestro comunidad. Esto hicieron para
defender a la comunidad. Tomaron y hicieron a las
cabezas de los ingenieros entender lo que nosotros vivimos.”.
Los petroleros se fueron y hasta les
prometió a la comunidad una recompensa
para los daños causados y las ganancias obtenidas, pero los Cofanes
hasta hoy no han visto ni un centavo.
Texaco (ahora Chevron) es acusado ahora
en un juicio en Estados Unidos por 30 mil
ecuatorianos para que se responsabilice por una de los mas
grandes desastres naturales, causado por sus actividades
destructivas, irresponsables y hasta intencionadas, en la región de
Lago Agrio. Los puntos principales del juicio son, que Texaco diseñó
y usó un sistema que intencionalmente echó 70,1 billones de aguas
toxicas y 60,1 millones de crudo a la selva amazónica, que actuó
racistamente al omitir estandartes comunes en países desarrollados,
y así redució la población de los pueblos
indígenas (sobre todo de los Cofanes y de los secoya), y dañó el
ecosistema frágil de la selva. Pero la empresa se afirma su
inocencia, niega y no quiere admitir los daños innegables causados
por ella a los seres humanos y la naturaleza.
Sin
embargo el impacto negativo a la gente viviendo en el área
alrededor de los pozos está a la vista. Porque aun cuando ahora
dentro de su territorio ya no se lleva a cabo la extracción de
petróleo, la gente tiene que padecer duramente los efectos causados
por las estaciones, que a menudo se encuentran
tan sólo a unos pocos cientos metros de distancia de los pueblos de
las comunidades.
Debido al envenenamiento de
las aguas de los ríos, se disparó la tasa de cáncer entre los
Cofanes, igual que bajó la población de pescado. “Mi cuñado se
murió por la contaminación del agua. El siempre salia bañar
jugando en el río. Y se murió. Los análisis que hicieron en la
clínica que murió dice que es por el agua. Eso hace 4 años ya.”
cuenta Naxel.
“Donde antes sacamos una docena de
peces del río, ahora volvemos a casa con quizás dos o tres”,
afirman los pescadores del la comunidad de Chandianae.
“Antes se podía beber el agua del
Río Aguarico”, anota Silverio, maestro de la escuela en Dureno.
Hoy sus habitantes tienen que acostumbrarse
al agua de lluvia. Desde hace años están
esperando en vano para que el municipio se les lleve
las tuberías del agua.
Los habitantes de Pisoree,
Dureno y Chandianae están sometidos en intervalos regulares a la
contaminación por hidrocarburos del agua en sus ríos, como
el Río Aguarico, el Pisoree, y el Chandianae.
„Lo que se ve el crudo, es
cada mes cada quince días. Se rompe una tubería y el crudo baja,
hace unos quince días que se rompió un tubo aquí arriba.“ cuenta
Blanca Jumbo del pueblo de Pisoree. Naxel aun puede acordarse de la
ultima contaminación grave: “Hace unos 4 meses se rompió una
tubería, y había un derrame grande en el Prisoree.”
A la contaminación se suma la amenaza
permanente de una nueva invasión de las empresas. Rufino tiene
miedo, “de que la petrolera vuelva a entrar. Si entra, va a talar
el bosque y se va a acabar la cacería y la pesca. Nosotros nos vamos
a quedar sin comida, porque los animales se acabarán también. De
que vamos a vivir entonces, nos vamos a morir.”
Sin embargo la comunidad de Dureno es
la que, mirado de la perspectiva legal, tiene las mejores
oportunidades de no caerse en ese destino. Su territorio se encuentra
por mayor parte bajo su propiedad.
Los áreas
ocupados por otros pueblos aun no han
podido lograr lo mismo. Partes de ellos es área
protegido. “Pero nosotros aquí solo
somos los cuidadores. En cualquier momento el gobierno se puede
decidir a desalojarnos o darles nuevas licencias a las empresas
petroleras para que empiecen
a trabajar aquí.” explica Eduardo, que trabaja como guardaparque
en Chandianae.
Según la nueva constitución de
Ecuador es legalmente posible para los pueblos idígena
reclamar su territorio como propiedad. Sin embargo, este
proceso burocrático es complicado y extenso. Además grandes partes
de su territorio también ya fueron colonizados y, por tanto, sólo
pueden ser adquiridos por la compra. ¿Pero de donde sacar el dinero
para eso?
Con la colonización, los Cofanes,
fueron obligados a entrar en un sistema económico, que para ellos
era nuevo y extraño. Pero por los nuevos problemas, creado por el
final del aislamiento, también hicieron falta recursos financieros
necesarios. Nuevas enfermedades, traídas por los colones y
provocadas por el ambiente envenenado, ya no podían ser curadas a
través de su medicina tradicional, y por consecuencias los Cofanes
se veían obligados a recorrer a la utilización de la medicina
moderna occidental.
Además para afrontarse a un entorno
cambiado y cambiante se hace necesario una educación adecuada, con
sus escuelas y los materiales educativos necesarios.
Pero conseguir los dolares es una tarea
difícil, especialmente para los residentes de las comunidades
remotas, como Chandianae. Aquí se vive en gran parte por la
agricultura - se cultivan el cacao, el café, el maíz, entre otras
cosas. Pero los precios de sus productos en el mercado de Lago Agrio
son lamentables, y apenas suficiente para cubrir los costos del
transporte - alrededor de 20 galones de gasolina (50 $) se necesita
para las cuatro horas de viaje en canoa - y por esa razón las
familias tienen dificultad de vender sus productos rentables. “Aquí
estamos lejos!”, confirma Marcelino.
Unos años atrás muchas familias eran
artesanos y podían vivir de su artesanía. Pero entonces, el turismo
en la región bajó de golpe, y desaparecieron los compradores de las
pulseras, collares, bolsas, madera, cuencos hechos a mano y otros
recuerdos. Como posible razón por la desaparición de los turistas
se identificó el Plan Colombia. Este plan de desarrollo de Colombia,
puesto en marcha en el año 2000 bajo el Presidente norteamericano
Bill Clinton y prolongado por la presidencia de George W. Bush,
pronto se desveló como una ayuda militar
billonaria para el ejército colombiano y
los paramilitares forzando la lucha contra
el narcotráfico y el ejército guerrillero de la FARC. La violencia
en la zona en la frontera de Colombia con Ecuador se disparó, y
amenazó a las comunidades de los Cofanes viviendo en el territorio
colombiano.
Marcelino e Irma tuvieron que huir de
su pueblo con su familia, dejándolo todo atrás, para instalarse
empezando una nueva vida en la aldea ecuatoriana de Chandianae.
„Tiraron bombas alrededor de la casa
y nos amenazaba. Mataron a cinco jóvenes, incluso el dirigente de la
comunidad.“
Hoy en día la situación se ha vuelto
a tranquilizar y el turismo, aunque a menudo sólo sea en tránsito
hacia el cercano Parque Nacional de Cuyabeno, se ve aumentando. Sin
embargo, para la reanimación de la artesanía, todavía no a
aparecido un mercado.
Rosa Umenda, artesana, ha dejado la
artesanía ya hace unos años y vive ahora, literalmente, de la mano
en la boca. Cuenta los problemas: „Antes vendía
una shigra (bolsa) en Lago Agrio por 4 o 5 dolares. Luego se
cambió al dolar y la shigra la querían pagar a un dolar. Una
shigra se hace en tres o cuatro días. ¿Para
trabajar cuatro días y vender a un dolar?
¿Para que? No da resultado! Por eso lo he
dejado.“
Igual que Rosa, Tiberia Queta intenta a
sobrevivir de la agricultura y de su artesanía, pero para poder
comprar lo mínimo necesario para su familia debe recorrer a otros
medios. “Vivimos en un sacrifico, sin dinero, sin ni un centavo
para comprar una librita de sal, o para comprar herramientas para el
trabajo, como el majete, cuchillo y ropa. Para buscar sal y jabón,
hay por aquí una quebradita que tiene muy poquito de oro, una chispa
de oro. Vamos ahí, entramos a trabajar como una semana y conseguimos
un gramito de oro. Con eso voy, vendo el
oro y compro la sal y lo que se necesita en la cocina.“
Albertino, chamán en Chandianae,
identifica otro problema contraída por la creciente
occidentalización: “Anteriormente los Cofanes vivíamos por todo
este sector y teníamos libre paso a ir a donde queramos. La
vestimenta de nosotros era una corteza de un árbol que se llama
Trapachi. De esa corteza hicimos su vestimenta. No usábamos
pantalones ni nada, sino este traje. Luego fueron llegando la colones
desde Colombia y trajeron ropa, o la tela para hacer la ropa.
Vinieron a vender la tela. Nosotros sacamos oro para hacer el cambio,
lo cambiamos por tela, para hacer de ella el vestido. Trajeron
también cuchillos, hachas, machetas, ollas,...” El traje hoy en
día apenas se usa ya, con la excepción de la ceremonia espiritual
de Yajé. Sin embargo incluso esta importante ceremonia está
perdiendo más importancia. “Los jóvenes se centran cada vez más
en la educación occidental. Pero el aprendizaje de la sabiduría
tradicional, el chamanismo, no es
compatible con los estudios occidentales, ya que sigue unas reglas
muy estrictas. “Por el miedo ya no toman Yajé porque su efecto es
muy fuerte.” sigue contando Alberto. El sueña con una molaca -
una casa de ceremonia – y un huerto de plantas medicinales, para
así volver a acercar la juventud a la cultura propia.
A los Cofanes no les faltan ambiciones
y ideas para futuros proyectos. Naxel ya tiene experiencia de trabajo
con organizaciones extranjeras, como la Wildlife Conservation
Society, y está considerando más proyectos en los sector como el
turismo, la agricultura y el agua. En el FEINCE (Federación Nacional
Indígena de los Cofanes) ya tienen preparados una cantidad de
propuestas para proyectos. “Pero nos faltan los contactos
necesarios para poder llevarlos a cabo”, dice José Luis.
“Ahora no me siento como vivíamos
antes, en una tranquilidad, pero bajo una amenaza tremenda
permanente. Antes si nos queríamos ir a a alguna parte de la zona
del río donde hay cacería y pesca,
llegamos a cualquier playa, hicimos nuestro ranche y se quedamos para
ir a la cacería y la pesca. Ahora ya no se puede andar, porque todo
es ajeno y si miramos por ahí alguna playa o una parte en las
riveras del río, van a decir: El que anda por aquí, esto es un
ladrón.” (Rufino)
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